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Nota del autor: Es
25 de mayo de 1982, muy temprano por la mañana y aún reina
la noche fría del otoño patagónico. El parte meteorológico
es escupido por las teletipos llegando a las salas de alerta de todas
las bases del sur. En todos los casos se repite la misma situación,
un somnoliento oficial de operaciones de turno, recibe de manos del
suboficial de comunicaciones el trozo de delgado papel arrancado de
la máquina. Con el pasar de sus ojos el mensaje sinóptico
es develado. _____________________________________________________________________________________ En
la BAM Río Gallegos, aún pesa el dolor de la caída
de Luciano Guadagnini el 23 pasado, quien pagó el precio de haber
mandado a la Antelope al fondo de Bahía San Carlos. AMANECE "Que frío de la ostia ¿no pibe?" Y el soldado que le contesta con una leve sonrisa. Al
llegar a la sala de pre vuelo todo está listo para dar lugar
al briefing. Rápido parte del meteorólogo de turno, indicaciones
sobre el lugar del objetivo que ya es cantado y los datos inherentes
a la navegación, frecuencias, cursos, niveles de vuelo y el punto
aquel en medio del Atlántico Sur en el que una solitaria Chancha,
con indicativo París, les dará de mamar para que puedan
seguir viaje hacia las islas. Cuatro Skyhawk con indicativo Marte saldrán
a golpear la cabeza de playa de San Carlos. Todo
listo. Los pilotos vuelven a subir a la chata y se encaminan a la plataforma
de despliegue donde los halcones esperan a sus amos. Una bomba Mk-17
de quinientos kilos retardada por paracaídas ya pende del vientre
de cada avión, con las cintas rojas prendidas a las espoletas.
Los cañones repletos de munición y los tanques de combustibles
colmados. Último
chocar de manos y algún abrazo fraternal entre los cuatro que
ya se separan, caminando cada uno a su máquina. El Teniente Autiero
llega a su C-221 mientras le pregunta al mecánico como anda.
El Alférez Gómez está caminando en torno al C-209
ayudándose con la linterna para ver que todo esté en orden.
El Teniente Gálvez se agacha pasando bajo el vientre del C-250
y retira la cinta roja con la leyenda "Remove before flight"
dejando viva a la bomba que asegura. El Capitán Palaver pone
un pie en la escalerilla y mira una vez más al cielo antes de
trepar respirando hondo el aire frío. Luego de la puesta en marcha y tras regular el régimen de las turbinas, uno a uno desfilan rodando por la plataforma, mientras aquel puñado de mecánicos los despiden con su ya conocida bandera que trepida al viento. A
las 08:00 las cuatro siluetas se hunden en la noche, ascendiendo hacia
el nivel de crucero. Las dos secciones vuelan por separado y no tienen
visual entre sí. A los 25 minutos el Teniente Autiero acusa una
falla y se ve obligado a retornar, el numeral 4 (Alférez Gómez)
duda un instante ya que no sabe donde están el 1 y el 2, corre
el riesgo de no alcanzarlos en el reabastecedor y estos no pueden esperarlo
consumiendo valiosos minutos de combustible. Aprieta los dientes por
la frustración e inicia el viraje para retornar a Gallegos detrás
de su jefe de sección. "Ya está no te calentés, que le vas hacer... Dame el antiexposición que yo salgo en un rato." Palaver
y Gálvez siguen adelante. Alcanzan al Hércules y logran
empupar con sus lanzas de reabastecimiento a las mangueras que oscilan
en el aire. Atenta mirada al liquidómetro que va marcando el
llenado de los tanques y al finalizar se desprenden y siguen adelante. "Que chiquitos que se ven ¿no señor?" "Hasta la vuelta hermanos" Es
hora de bajar y los Marte inclinan sus morros pinchando la capa de stratus
hasta alcanzar los mil pies, confiando a muerte en la indicación
de sus altímetros ya que está brumoso y la visibilidad
es cero. "Cruces rojas... ¡Guarda Jefe cruces rojas!" A bordo del Uganda los que están de guardia en cubierta aprietan los dientes esperando los impactos. Los dos Halcones amenazantes se deslizan sigilosos con un viraje amplio por derecha en busca de Puerto San Carlos y dejando atrás al afortunado Elefante Blanco. Siguiendo
el contorno de la costa divisan unas construcciones recostadas en una
caleta bastante amplia. La artillería antiaérea abre fuego sobre los atacantes. Los pilotos de Pucará y artilleros de Goose Green no pueden dar crédito a sus ojos, han identificado las siluetas de los Skyhawk que se le vienen encima y les gritan desesperados entre insultos de impotencia. "¡Mierda,
es Darwin!" Gritó Gálvez alertando a su líder
del error. Viraron por derecha y se alejaron para alivio de los que
están en tierra.
"Me marca cero así que voy a eyectar, fijáte y anotá mi posición" "Ok Jefe, suerte" El Skyhawk de Palaver rompe la formación y comienza a ascender en busca de más altura para asegurar la eyección. El
Destructor HMS Coventry, que navega junto a la fragata HMS Broadsword,
al norte de la Gran Malvina, entra en estado de conmoción cuando
el operador de radar avisa tener un eco en el lóbulo. Un oficial
se acerca a la pantalla y luego de verificar lo que acaba de oír
pide confirmación para no atacar aviones propios. Negativo, no
hay PAC en la zona.
Palaver revisa los correajes que lo unen a la balsa inflable, el equipo
de supervivencia, la pistola de señales. Mira el reloj una vez
más, las 09:10, entonces respira profundo por la mascarilla.
Suelta los comandos para llevar las manos a la manija de eyección
sobre su cabeza. Gálvez lo está viendo, y ve sin poder creer como las dos estelas blancas marcan el trayecto hacia su jefe de escuadrilla, un resplandor, una nube negra que lanza despojos incendiados que se arremolinan en su caída al mar. A
bordo de la Coventry, el compás de espera se quiebra cuando el
operador de radar confirma que el eco se diluye con cada barrido de
la antena, hasta desaparecer por completo. A las 11:40 de la mañana, las cubiertas del A-4B del Teniente Galvez chillan al tocar la pista de Gallegos.
Al mismo tiempo que el Marte restante regresaba a su nido sendas secciones
de Dagger (Rango y Bingo), las míticas "Avutardas"
de Río Grande, salían a buscar lo que se creía
era un emplazamiento radar o un director de tiro instalado en alguna
parte de las islas Beaucheme, un conjunto de islotes próximos
al extremo norte del Estrecho de San Carlos. SAN
JULIAN 11:03
Completados los tanques tras la difícil tarea de empupar, los
cuatro halcones dejan atrás a la venerable Chancha, que les ha
dado de mamar, y descienden al ras de las olas 40 millas antes del blanco
para iniciar la pierna final de aproximación al archipiélago.
Verificar panel de armamento, flujómetro de combustible, tacómetro sin oscilaciones. Las siluetas verde y gris se confunden con los penachos de espuma de las olas que chocan contra los primeros peñascos, preludio de la Gran Malvina. Van bordeando la margen norte de Bahía 9 de Julio, con rumbo 1-0-5° y ven, sobre la cima de los montes, como se enredan deshilachadas nubes estratiformes, que son el resabio de la neblina matinal que se ha levantado. Por
fin el Estrecho. Están seguros de no haber sido detectados, o
al menos es preferible pensar eso porque de todas formas no pueden saberlo.
Ascienden
para superar la última elevación del terreno, tras la
cual se encuentra el objetivo y al saltar la cima se presenta ante ellos
el gran espectáculo. -¡Ahí están, al frente!... ¡Vamos!- Grita
García y los A-4 se pegan a la superficie y descienden por la
ladera hasta caer sobre las aguas. En
la costa, los Royal Marines se incorporan y observan detenidamente lo
que está por ocurrir. Un grupo de periodistas de la BBC que se
encuentra allí, se afana en montar su cámara para poder
seguir la evolución de los hechos. A la distancia el silbido
de las turbinas llega tardío, ven las cuatro siluetas que se
deslizan entre los buques y el valle entero revienta en explosiones
y fuegos artificiales. -Target
Locked... ¡Fire!-
Los otros tres ya se alejan en espantada, balanceándose entre los busques y buscando la brecha para salir fuera del alcance del enemigo, seguidos de cerca por surtidores de espuma que marca su rumbo en el alejamiento, todos los cañones parecen apuntarles. Se alejan de Lucero pese a que éste trae potencia aplicada al máximo. -¡Me la pegaron, me la pegaron Jefe!- Inútil,
pues el VHF se ha resentido con el impacto y no emite, no hay manera
que García sepa que pasa con su numeral. -...Esto es un flan...- Es
la mejor descripción de lo que sus comandos son ahora. -...Se me van a soltar todos los alabes...- El velocímetro marca una velocidad excesiva para la eyección segura, pero no hay opción. Aspira profundo, contrae cada músculo, aprieta la mandíbula, cierra los ojos y lleva las manos a la manija de eyección sobre su cabeza. -...Chau amigazo de fierro...- La presión del aire que inunda la cabina, el ruido y el cohete del asiento que se enciende y una sensación de estar girando dentro de un lavarropas. -...No funcionó... Esto se la está pegando y yo me estoy muriendo...- El Skyhawk envuelto en humo cae y se estrella en el agua y el silencio reina. -...No hay dolor... Gracias Dios y decile a los míos que me perdonen...- Sacudón,
golpe de viento helado y ruido otra vez lo obligan a abrir los ojos
y se da cuenta que está vivo, colgando del velamen del paracaídas
que lo sostiene a menos de cien metros del agua. Sumergido en el agua. Con esfuerzo lucha por emerger y las aguas heladas comienzan a carcomerlo. Alcanza la superficie justo cuando la reserva de oxigeno se acaba y se desprende la mascarilla. Con las manos congeladas al primer contacto con el aire intenta inflar el chaleco y la balsa aunque sólo consigue lo primero. -...Morir ahogado... Eso si que no...- Lucero
clama por ayuda pero su grito es absorbido por el entorno y siente que
no es escuchado, para peor el grito se lleva su aliento y el frío
que le contrae los pulmones no lo deja volver a recuperarlo. Lucero sanaría sus heridas y volvería al continente, a sus hermanos del Escuadrón, mas no a casa, pues nunca salió de ella realmente. Los
tres Toros restantes se alejan hacia el noroeste buscando las aguas
abiertas de la boca norte del Estrecho de San Carlos. En principio separados,
el jefe comienza a llamarlos pero solo Isaac y Paredi responden. A García
lo escuchan pero no lo ven. De a poco se van reagrupando y entonces
notan la ausencia de Lucero. -¡Tengo la luz de hidráulica de utilidad prendida... pero no importa, tengo el avión controlado, sigamos adelante!.- La
Coventry vuelve a entrar en conmoción, cuando el operador confirma
tener un eco a la vista. Confirman libre de PAC la zona, no es propio
el eco. Isaac y Paredi no volvieron a escuchar a García y tuvieron que seguir adelante. Ya sobre el norte de la Gran Malvina, el vuelo comienza a ser tenso por otro motivo, el combustible. Isaac observa su indicador y le restan 1500 libras, deben llegar a la chancha. En el instante en que Paredi es rebasado por Isaac le nota una cinta de color blanco que se desprende del plano izquierdo. -Estás pinchado Turca.- Le indica Paredi llamándolo por su indicativo y eso inquieta a más a Isaac. El enlace radial con Berlín se produce cuando aún median 120 millas entre ambos. -1200... No voy a llegar...- -Turca a Berlín.- -Adelante para Berlín.- -Venga a mí jefe porque no me da el jugo.- El contacto visual a 15 millas de distancia y con apenas 500 libras de remanente en los tanques, emociona al piloto que corre al mejor empupe de su carrera. El Hércules lo lleva así, en su regazo hasta dejarlo en la final de pista de San Julián. RIO
GALLEGOS A las 13:35 despega Rayo 2, un Lear Jet LR-35 del mítico Escuadrón Fénix, quien cumpliría la delicada tarea de Control Aéreo Avanzado, servir de nexo entre los distintos servicios de alerta y control, tanto en las islas como el continente, y los halcones. Los
seis pilotos intervinientes se arremolinan junto a un oficial de operaciones
sobre la carta de navegación, para determinar la mejor penetración.
Deciden ir por rutas ligeramente diferentes, para cubrir más
terreno y no llevar "todos los huevos en una sola canasta". Verifican la hoja de configuración, carga completa de munición para los cañones de 20 mm, full de combustible en el interno y los dos tanques externos que penden de las alas, una pepa Mk-17 BRP de 500 Kg en la estación ventral. Entre
las 14:00 y las 14:05 despegan cuatro de los seis previstos, dos abortan
por falla y el resto sigue adelante. Primero altos para economizar,
luego rasantes para evitar la detección. -¿Le gusta como se lo deje jefe?- Con gran esmero y buena voluntad había repasado el parabrisas, dejándolo brillante e inmaculado, sin reparar en el hecho de haber removido la solución, que el 1er Tte Bioquímico Haggi, había desarrollado para evitar la acumulación de sal marina. Pese a ello, y luego de la tensa navegación, puede apreciar al frente el contorno de los primeros islotes del archipiélago. Llegaron
los Zeus a Puerto Ruiseñor en la Gran Malvina, primer punto de
notificación. Quebrando cautelosamente el silencio de radio,
llama a Rayo para enterarse de cualquier cambio de posición en
los blancos, o lo que sería peor, el movimiento de alguna nefasta
PAC en las cercanías. Observa la costra cada vez más prominente en el parabrisas, por el lateral divisa las estribaciones de los montes. Si continúa en línea recta sobre tierra como se le indicó tendría que sobrevolar las alturas del Monte Beaufort que en su punto más alto alcanza los 680 metros. En rasante y con la visibilidad reducida, las posibilidades de llevarse por delante un cerro son elevadas, por lo que decide apartarse algo al oeste de la ruta y mantenerse bordeando la costa y peinando las olas. Escalonado a la izquierda y algo más atrás va Rinke, bien pegado a la superficie e imitando a su líder como un espejo. Dentro de la pequeña cúpula de plexiglas, el casco blanco se agita de un lado al otro verificando que todo marche como debiera. -¡Atento que hay una PAC entrando al sur por el Estrecho!- El
aviso, como el graznido de un tero, alerta a los halcones que dan un
escueto comprendido y se preparan para el imprevisto. Aún están
lejos pero no tanto. 15:20 En
ese instante por los auriculares de los Vulcano, que iban dos minutos
más atrás, surge la voz gangosa del líder Zeus
quien le notifica a su numeral haber avistado el blanco e inicia la
corrida. Carballo da plena potencia a su turbina y pulsando nuevamente
el botón del VHF grita un estruendoso ¡Viva la Patria! Dentro de los buques la convulsión es total. Toda la tripulación grita y corre de un lado a otro para preparar la respuesta, la alerta general suena incesante por los altoparlantes, en el puente de la Coventry, el Capitán David Hart-Dyke y algunos oficiales elevan sus binoculares en busca de los incursores y alcanzan a divisar dos puntos oscuros que se acercan veloces a estribor. -¿A cual le tiramos señor?- Pregunta Rinke. -Vamos a la de atrás que está menos defendida.-
Carballo
tiene su parabrisas frontal totalmente nublado por la sal, pero por
los paneles laterales puede ver bien. Se acerca más y más,
el dedo ya sobre el disparador y cuando el buque se presenta nítido
de una punta a la otra de su parabrisas la larga, saltando la estructura
del buque con un margen algo más holgado. Pegado nuevamente a
la superficie se escurre del enemigo mientras detrás se desata
un poderoso estruendo. -¿Pasó dos?.- -¡Si señor... Acá detrás suyo y a la vista!- Las bombas han alcanzado al destructor a proa de la banda de babor en un ángulo de 45 grados y se han incrustado muy en lo profundo, aún sin explotar. -¡Tengo el blanco a la vista y estoy entrando!- Anuncia entonces Velasco quien ya se prepara. El Coventry, herido por alguna de las bombas de los Zeus se detiene en seco, con su proa aún apuntando al este, la Broadsword inicia un fuerte viraje a estribor con la intención de cubrirlo del nuevo ataque que se vislumbra en sus pantallas de radar. Por
encima de ellos, dos Sea Harrier (800 Squadron RN al mando del Lt Cdr
Neil Thomas), los vienen siguiendo, pero antes de tenerlos a distancia
de enganche de sus misiles Sidewinder reciben por radio el llamado del
Coventry, ordenándoles abandonar pues están entrando a
la zona de cobertura de sus baterías y temen un azul sobre azul
(impactar uno de sus propios aviones). Los
Zeus, ya fuera del alcance de tiro de los buques inician un amplio viraje
y se convierten en espectadores privilegiados del drama que va a acontecer
en segundos. -¡El misil, mire el misil!- Grita Rinke y ambos se quedan hipnotizados viéndolo, una corta llamarada anaranjada, casi blanca, seguida de una estela de humo gris marca el rumbo errático del proyectil, que tras su ascenso, busca en vano el objetivo que le han ordenado destruir, viborea unos instantes y termina alejándose. En
la Broadsword, el operador del Sea Wolf espera ansioso el enganche,
la señal sonora surge, lo tiene y cuando va a pulsar el disparador... Velasco, ya próximo a la Broadsword lanza su bomba, y franqueando los mástiles de la fragata se aleja. La bomba vuela rasante acercándose al agua. Va corta, rebota en un casi ridículo "patito" y se eleva, entra por la proa de abajo hacia arriba desgarrando la plancha de acero de la banda como si fuera de papel, a gran velocidad va perforando mamparos, provocando daños y focos de incendio. En la plataforma de vuelo de popa, donde el helicóptero Sea Linx se encuentra amarrado, se abre un orificio y la bomba, aún con velocidad, surge cercenando la nariz del Linx y ya detenida cae al agua del otro lado y sin explotar. -¿Salió dos?- -¡Si señor, y vi a su bomba pegar en el casco y el otro que tiene un agujero a la altura de la línea de flotación, tira humo negro!- El griterío generalizado se propaga por la frecuencia, hasta que un llamado tajante del Vicecomodoro Pereyra a bordo del Rayo los pone en situación. -¡Hacer silencio en la frecuencia!- Allá en lo alto, los tripulantes del Lear Jet están demasiado tensos como para sentir algarabía y pueden poner orden. Aún los Sea Harrier andan sueltos por ahí y necesitan escuchar atentamente cualquier aviso que el radar de Malvinas les pueda dar. Cerca de allí, en la isla Borbón, personal de tierra, hace un alto en su actividad y luego de presenciar el violento ataque, asiste al final. El Coventry, moribundo, con severos daños, compartimientos inundados , sin energía ni comunicaciones agoniza durante 30 angustiantes minutos, mientras la Broadsword, a su lado y también dañada aunque de menor gravedad, la asiste en un intento inútil de detener el incendio. Termina por alejarse y dedicar su esfuerzo a socorrer a aquellos que ya abandonan el destructor, junto a varios helicópteros que se han sumado a la tarea. Alrededor de las 16:00 de éste día martes, 25 de mayo de 1982, el HMS Coventry se convierte en tumba de guerra para diecinueve de sus tripulantes, destinados a descansar por siempre junto a Palaver, García y otros tantos más. 20 minutos más tarde y varias millas al noreste de la isla soledad, el portacontenedores Atlantic Conveyor se uniría a ellos también, víctima del segundo lanzamiento exitoso de Exocet por parte de la Aviación Naval. Ahora el regreso, por separado y ascendiendo lentamente. -Me quedé sin velocímetro.- Acusa
Rinke y Carballo comienza a temer por su "numeral de hierro"
ya que así se le hará muy difícil perforar la capa
de nubes en el retorno. -Ahí estás pibe, voy a vos.- Al instante surge una segunda estela, no es Rinke. Mejor descender y meterse en la sopa (la capa nubosa) antes que los vean. Viaje solitario y silencioso, con la adrenalina que afloja y el temor que sigue ahí. Las piernas se relajan y duelen, las manos tiesas, el sudor que se ha enfriado y produce escalofríos. Los minutos transcurren algo más lentos. Al fin, al frente surge una línea parda en el horizonte, que quiebra el infinito azul que ha acompañado a los halcones a lo largo de su camino de retorno. La costa dentada y filosa de Santa Cruz se muestra con una indescriptible belleza, solo percibida por los ojos de aquellos que la han anhelado tanto. A lo lejos, Carballo toma contacto con la pista de Gallegos, pulsa el micrófono y con apreciable emoción lo hace saber al control. -¡En el día de la Patria, con pista a la vista... Regresando todos y con la misión cumplida!- A lo que se suma la voz de otro halcón. -Nunca pensé que la visión de una pista me parecería tan hermosa.- Uno a uno los A-4B toman pista y la despejan en el primer rodaje a mano. Al llegar a la plataforma una marabunta de mecánicos, armeros y pilotos los reciben y los abrazos son interminables. Esa noche, el asado tuvo lugar en el restaurante del ACA en Río Gallegos, al que asistieron los miembros del Escuadrón. Los empleados les llevaron el libro de oro para que firmaran todos los pilotos y ante un pedido de estos, el Capitán Carballo escribió a modo de encabezado: "...Con Dios en el alma y un Halcón en el corazón..."
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derribados: 3 -Buques
alcanzados: 5 -Otros:
1
Fuentes: (*)
El 25 de Mayo de 1810 es una de las fechas patrias mas importantes para
el pueblo argentino ya que en esa fecha se conformo el primer gobierno
nacional. |
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